No importa lo que digan los Kirchner: La economía no convence, pero los opositores...
Con la frivolidad que lo caracteriza, el canciller Jorge Taiana, funcionario 'peso pluma' en el ranking gubernamental, intentó explicar que los 'inversores' que aplaudieron en New York City a Cristina de Kirchner (casi todos, argentinos que volaron a Manhattan), lucían optimistas sobre las posibilidades de la economía argentina. Taiana no explicó cómo es que, entonces, Barack Obama decidió no recibir a la Presidente de una opción de negocios para los empresarios estadounidenses. Tampoco profundizó en las cuestiones judiciales pendientes que tiene la Argentina en USA. Frente a la superficialidad de Taiana, el no kirchnerismo debería lucir contundente. Pero el fracaso consiste en no conseguirlo.
POR EDGAR MAINHARD | 11/04/2010 | 09:51
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El nudo de la inestabilidad de la democracia institucional argentina se encuentra en la política económica. Probablemente, con menos inestabilidad económica habría más estabilidad en todo lo demás.
Para cesar, o al menos reducir, la inestabilidad económica los políticos profesionales argentinos deberían leer, investigar, interesarse más por la economía.
Sin embargo, la mayoría de los políticos profesionales argentinos son 'amateurs' en los temas básicos de la economía. Ellos prefieren desentenderse y pedirle a otro que lo resuelva.
Los políticos profesionales argentinos han creado una falsa dicotomía, para un país en vías de desarrollo, entre política-política y política económica, y lo hicieron tan sólo para ocultar su haraganería intelectual.
Ellos dicen estar dispuestos y ocupados en la política-política y por eso delegan la política económica.
No solamente así pretenden ocultar su fragilidad intelectual sino que ubican el nudo de su propia inestabilidad futura en manos de otro.
Néstor Kirchner afirma que a él no le sucede porque él define la política económica.
Pero Kirchner hace algo peor aún: define la política económica sin informarse previamente y habiendo menospreciado toda la biblioteca existente.
Kirchner decide desde la ignorancia absoluta y hace de esa ignorancia su supuesta fortaleza. Un disparate.
Por eso apostar, tal como lo hizo Urgente24 hace mucho tiempo, a que la inflación destruiría a Néstor Kirchner, es una obviedad a la que ahora parecen resignarse algunos políticos profesionales. Es una forma que tienen ellos de convivir con su propia impotencia, algo que Urgente24 ya había descontado porque la mayoría de ellos son incompetentes.
De hecho, ellos también son protagonistas de la tragedia argentina que consiste, básicamente, en el fracaso de la sociedad en generar dirigentes creativos, laboriosos y honestos.
Toda la política argentina atrasa y todos los políticos, oficialistas u opositores, colaboran con la postergación del cambio porque, de lo contrario, les resultaría más difícil beneficiarse, y hasta enriquecerse, con la función pública, ya sea en el Ejecutivo, el Legislativo y aún el Judicial, y porque la ausencia de meritocracia les permite continuar con su holgazanería intelectual.
No es posible avizorar cuál es la solución, y ese es el motivo de la apatía creciente en la sociedad.
Los no kirchneristas tendrían que estar hoy día trabajando muy duro en lo referente a la economía porque es el talón de Aquiles de los Kirchner y porque es la gran preocupación de la sociedad, por la inflación y por la debilidad en la creación de empleo (al menos el empleo formal).
Pero si a los opositores les resulta engorroso investigar, debatir más en profundidad todo lo vinculado a la economía, es una mala señal acerca de sus virtudes para gobernar más adelante.
En especial porque, tal como se presentan los acontecimientos, la agenda económica será mayor y más complicada. La herencia que dejarán los Kirchner será difícil en su capítulo económico y el impacto social de esa crisis.
¿Para qué serviría elegir a políticos profesionales que confiesen que delegarán todas las decisiones en otros porque carecen de fundamentos para elegir las opciones convenientes?
Debatiendo más sobre la economía cotidiana, la oposición se acercaría más a la gente, profundizaría las contradicciones en el bloque oficialista y construiría una agenda en la que les resulta muy difícil desenvolverse a los Kirchner.
Pero para eso hay que trabajar de político profesional en serio, no de político profesional chapucero.
A propósito, aqui algunos recortes dominicales sobre economía:
Ismael Bermúdez en el diario Clarín:
"Según un informe del Instituto difundido la semana pasada, en 12 meses la pobreza se redujo del 15,3% al 13,2% y la indigencia disminuyó del 4,4% al 3,5%, en tanto se achicó la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres.
Estas cifras corresponden a las mediciones de la segunda mitad de 2009, cuando aún no se había puesto en marcha la Asignación Universal de $ 180 por hijo, que comenzó a efectivizarse en diciembre. De aquí se desprende que las supuestas mejoras no podrían explicarse por la ampliación de ese subsidio. Habrá que esperar a la próxima medición del INDEC para poder determinar cuál fue su incidencia sobre la realidad social.
¿Entonces de dónde proviene esta supuesta mejora en los indicadores de pobreza y reparto de la riqueza? (...)
La medición de pobreza e indigencia se obtiene de confrontar los ingresos de la población con el costo de la Canasta Básica. Y, para el INDEC, los precios de esa canasta fueron más bajos que los reales y casi no habrían registrado aumentos en 2009, a diferencia de las mediciones de los institutos provinciales que registraron incrementos muy superiores.
Así, en base a una fuerte subestimación de los aumentos de los alimentos y servicios básicos, la estadística oficial concluye que los sueldos y las jubilaciones subieron por encima de lo que habría aumentado la Canasta Básica. Y esta supuesta mejoría habría hecho que más hogares y personas salieran de la pobreza y la indigencia. En cambio, con las estadísticas de estudios privados (UCA, SEL, Ecolatina, por ejemplo) la pobreza salta al 30% y la indigencia al 12%.
Estas incongruencias del INDEC comenzaron con la intervención del organismo por parte del secretario Guillermo Moreno. Y se extienden a numerosas series estadísticas.
El experto Artemio López advierte sobre otras incongruencias "históricas" en las estadísticas oficiales. Porque para el INDEC la indigencia sería hoy del 3,5%, lo que la ubicaría en los mismos niveles de 1974, pero con el resto de los indicadores en las antípodas de aquel momento.
López se pregunta cómo la pobreza y la indigencia pueden equipararse con las de 1974 cuando entonces el desempleo era del 2,8% y hoy es del 8,4%. O cuando el trabajo en negro en 1974 era del 17,2%, y hoy afecta al 36,1% de los asalariados. Y la diferencia entre ricos y pobres era mucho menor en 1974, en tanto los trabajadores participaban del 46,2% del ingreso nacional y hoy apenas araña el 31,1%.
La conclusión de López es que las cifras del INDEC son estadísticamente inconsistentes con la realidad actual y con los propios antecedentes históricos (...)".
En el diario Crítica de la Argentina:
"(...) Cuenta el ex ministro de Economía, Miguel Peirano, que, a fines de 2007, en una tensa reunión con Néstor, Cristina y Moreno, pidió cesar con las persecuciones en el INDEC. Propuso recuperar la reputación del organismo, trasparentando los métodos de medición, y nombrando a un prestigioso economista como director. Sugirió a Mercedes Marcó del Pont y a Aldo Ferrer, insospechados de opositores por razones obvias. Pero Néstor dijo no.
Para el matrimonio presidencial los datos del INDEC son verdades necesarias para contrarrestar las falsedades de los medios privados. Esas verdades solo pueden ser custodiadas por alguien de extrema confianza, un soldado como Moreno.
Como suele decir un ex Jefe de Gabinete, desde que empezó la guerra con Clarín, el Grupo solo ve días lluviosos. Néstor, al revés, quiere todos días brillantes, soleados, como los informes económicos que publican el INDEC y Canal 7, todavía con menos sutiliza en la pantalla que los garabatos de Moreno en el papel.
Al mismo tiempo que subestima la inflación el INDEC también sobreestima los datos del producto bruto interno, la riqueza que crean todos los años los argentinos.
En 2009 el derrumbe del nivel de actividad sobrepasó todos los pronósticos. Según Miguel Bein, por estos días el consultor favorito de los comunicadores K, en 2009 el PBI se contrajo -2%. Para Buenos Aires City, el centro de estudios de la UBA donde se refugiaron los técnicos desplazados por Moreno, la caida fue del -3%. Otros economistas, como Roberto Frenkel, estiman el ajuste en -4%.
Para una economía que en el 2008 todavía crecía arriba del 7%, la recesión significó –punta a punta—una contracción del producto de casi 10 puntos, equivalente a la recesión del efecto tequila.
La inversión se desmoronó -12,7; las exportaciones, -20,4%; el consumo -0,5%; la producción industrial, -5,9%; la producción automotriz -14,1% (con un derrumbe en el primer semestre superior al -30%); la producción de cemento, -3,6%; la producción de acero, -27,6%, etc, etc.
El INDEC reconoce el año pasado la destrucción de 100.000 puestos de trabajo. Pero esa cifra no cierra con los registros de aportes previsionales de las empresas en Afip, ni con las mediciones sectoriales de empleo. Según el CENDA, un centro de investigaciones económicas afín al kirchnerismo, se perdieron en realidad 350.000 empleos, principalmente en la construcción (80.000 puestos menos), la industria (- 56.000 empleos), bancos y otros servicios.
Desde noviembre último varios sectores empezaron a recuperarse desde el pozo, tendencia que se consolidó en el primer trimestre de este año. Como en tantos otros temas la historia no puede borrarse. Es el nuevo punto de partida. Por eso, pese a la reactivación, en la mayoría de los sectores industriales la producción todavía es inferior a la de dos años atrás, durante el primer trimestre de 2008, previo a la recesión.
Sin embargo, el INDEC reescribió la historia sin recesión: en 2009, el PBI creció 0,9 por ciento. Y la pantalla de Canal 7 se encarga de reproducir hasta el infinito esa “realidad”. En vertiginosa edición, borran casi un año de la historia, saltean los indicadores de la recesión y destacaron solo los días soleados, las cifras de la reactivación del consumo del verano, o el éxodo turístico de Semana Santa. (...)".
Néstor Scibona en el diario La Nación:
"(...) el matrimonio Kirchner no tendría demasiados escollos para seguir bombeando el gasto público y la demanda interna como lo ha hecho en los últimos meses. Tiempo atrás Néstor Kirchner dijo que su objetivo es que el PBI crezca 7% este año para mejorar las chances electorales del oficialismo. El comportamiento de la actividad económica en los últimos tres trimestres no estuvo demasiado lejos de esa meta. Hasta los economistas más escépticos pronostican que el crecimiento de 2010 podría ubicarse entre 5% y 6%.
La contracara de esta recuperación a marcha forzada de la economía es una inflación en escalones más altos y que el Gobierno niega como si estuviera en otro país. Si bien el ritmo de suba en los precios de los alimentos se ha moderado en la última semana, ahora se producen ajustes en otros rubros que recogen las fuertes alzas del primer trimestre y elevan a 25% anual el piso de aumento de precios al consumidor, independientemente de lo que vaya a informar esta semana el Indec.
A diferencia de años anteriores, la expansión del gasto público (que en el primer trimestre promedió el 35% frente a una suba del 25% en la recaudación) tiene esta vez mucho más incidencia inflacionaria. Desapareció el superávit fiscal; no hay margen para subir impuestos ni retenciones y el Gobierno recurrió a todas las cajas disponibles para financiarla. Ahora les toca el turno a las reservas del Banco Central transferidas al Tesoro y no se descarta que aproveche el canje para colocar deuda voluntaria.
Un cálculo del Estudio Broda estima que si el gasto público creciera 30% este año, las necesidades financieras (netas de refinanciaciones dentro del sector público) serían de $67.000 millones (frente a $52.000 millones en 2009 y $15.300 millones en 2008). Pero si el gasto se elevara 35% treparían a $79.000 millones y si lo hace al 42% llegarían a casi $96.000 millones. Esta última hipótesis tiene un antecedente: en los nueve meses previos a las elecciones presidenciales de 2007, el gasto había crecido 49% interanual. Se trata de una receta conocida para el kirchnerismo, aunque en este caso buena parte del financiamiento recaerá en una mayor emisión monetaria del BCRA.
Para buena parte de los políticos oficialistas y la mayoría de los sindicalistas, la inflación más alta no sería un problema serio, porque podría contrarrestarse con ajustes salariales superiores al 20%, que crean la falsa ilusión de que con más plata en los bolsillos es posible ganarle a la inflación. Pero es un drama para la legión de trabajadores en negro, jubilados, cuentapropistas, desocupados y beneficiarios de planes sociales, que ven deteriorar sus ingresos reales mes tras mes.
Tampoco el cuadro es tranquilizante para muchos empresarios, sobre todo desde que el discurso oficial apunta a culparlos con exclusividad por la suba de precios y amenaza con movilizar a la dupla Guillermo Moreno-Hugo Moyano para vigilarlos. Este factor de desconfianza neutraliza además la hipótesis oficial de que con más inversión para aumentar la oferta y crédito a tasas negativas será posible contener las presiones y las expectativas inflacionarias."
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
"Un encumbrado secretario de Estado desempolvó, horas atrás, un argumento que tiene tanta antigüedad como su permanencia en el cargo, al que llegó en 2003, de la mano de Néstor Kirchner, y que tiene que ver con esta suerte de renovada luna de miel con el poder de la que parecen disfrutar los esposos de Olivos, o de un insospechado "veranito económico" que les resulta favorable.
"Si hasta acá, con este estilo, nos ha ido bien, ¿por qué habríamos de cambiar?", se despachó ante sus interlocutores. (...)
Aquel verdadero apotegma del kirchnerismo, aplicado a estos días, supone dar por sentado (desde la óptica del funcionario, y del oficialismo, claro) que los Kirchner no van a cambiar nada. Y que, por el contrario, profundizarán su estilo y la defensa de su tan mentado "modelo", por si fuera poco, a caballo de algunas encuestas que han aparecido en los últimos días, y no sólo elaboradas por los aliados pagos de la Casa Rosada, que hablan de un repunte en la intención de voto de Néstor Kirchner, que sería, hoy, el precandidato mejor posicionado en la grilla, por encima de Cobos, Reutemann, De Narváez o Duhalde, por citar algunos.
Las explicaciones de algunos consultores, ante este fenómeno, es que se trata de un recurso de la sociedad que ya ha aparecido en otros capítulos de nuestra historia. Espantados por los desaguisados de la oposición, siempre terminarían por inclinarse por el menos malo conocido antes que por el bueno por conocer. Con un agregado: el ciudadano de a pie sigue identificando a muchos de los "buenos" que hoy militan en el arco opositor como parte de los que llevaron a la Argentina al desastre social y económico en 2001.
(...) Ocurre lo obvio: si ellos reconocieran que la inflación es un problema al que hay que salir a enfrentar ahora mismo, no les quedaría a la mano otro remedio que instrumentar un ajuste económico de consecuencias imprevisibles para el futuro de la pareja y de su gobierno. Como lo reconoce un confidente del poder: "Si hacemos eso, en el 2011 salimos tirados por la ventana".
El plan de Kirchner, que ejecuta obediente Amado Boudou, es, antes que nada, una triquiñuela al más puro estilo alfonsinista. Supone plantar la idea de que un poco de inflación a los trabajadores les cae bien y que, al final, los aumentos de salarios terminarán nivelando los tantos. Caso contrario, si ocurriese alguna disparada no deseada, la fuerza de tareas del kirchnerismo ya se encargará de tratar de golpistas a los empresarios que aumentan los precios por las dudas, como ahora mismo han empezado a denunciar Hugo Moyano, Moreno o Florencio Randazzo. Los Kirchner nunca pierden. Si acaso la inflación terminara por estallar, ellos se colocarán en el plan de víctimas y no de causantes de tal desmadre".
Para cesar, o al menos reducir, la inestabilidad económica los políticos profesionales argentinos deberían leer, investigar, interesarse más por la economía.
Sin embargo, la mayoría de los políticos profesionales argentinos son 'amateurs' en los temas básicos de la economía. Ellos prefieren desentenderse y pedirle a otro que lo resuelva.
Los políticos profesionales argentinos han creado una falsa dicotomía, para un país en vías de desarrollo, entre política-política y política económica, y lo hicieron tan sólo para ocultar su haraganería intelectual.
Ellos dicen estar dispuestos y ocupados en la política-política y por eso delegan la política económica.
No solamente así pretenden ocultar su fragilidad intelectual sino que ubican el nudo de su propia inestabilidad futura en manos de otro.
Néstor Kirchner afirma que a él no le sucede porque él define la política económica.
Pero Kirchner hace algo peor aún: define la política económica sin informarse previamente y habiendo menospreciado toda la biblioteca existente.
Kirchner decide desde la ignorancia absoluta y hace de esa ignorancia su supuesta fortaleza. Un disparate.
Por eso apostar, tal como lo hizo Urgente24 hace mucho tiempo, a que la inflación destruiría a Néstor Kirchner, es una obviedad a la que ahora parecen resignarse algunos políticos profesionales. Es una forma que tienen ellos de convivir con su propia impotencia, algo que Urgente24 ya había descontado porque la mayoría de ellos son incompetentes.
De hecho, ellos también son protagonistas de la tragedia argentina que consiste, básicamente, en el fracaso de la sociedad en generar dirigentes creativos, laboriosos y honestos.
Toda la política argentina atrasa y todos los políticos, oficialistas u opositores, colaboran con la postergación del cambio porque, de lo contrario, les resultaría más difícil beneficiarse, y hasta enriquecerse, con la función pública, ya sea en el Ejecutivo, el Legislativo y aún el Judicial, y porque la ausencia de meritocracia les permite continuar con su holgazanería intelectual.
No es posible avizorar cuál es la solución, y ese es el motivo de la apatía creciente en la sociedad.
Los no kirchneristas tendrían que estar hoy día trabajando muy duro en lo referente a la economía porque es el talón de Aquiles de los Kirchner y porque es la gran preocupación de la sociedad, por la inflación y por la debilidad en la creación de empleo (al menos el empleo formal).
Pero si a los opositores les resulta engorroso investigar, debatir más en profundidad todo lo vinculado a la economía, es una mala señal acerca de sus virtudes para gobernar más adelante.
En especial porque, tal como se presentan los acontecimientos, la agenda económica será mayor y más complicada. La herencia que dejarán los Kirchner será difícil en su capítulo económico y el impacto social de esa crisis.
¿Para qué serviría elegir a políticos profesionales que confiesen que delegarán todas las decisiones en otros porque carecen de fundamentos para elegir las opciones convenientes?
Debatiendo más sobre la economía cotidiana, la oposición se acercaría más a la gente, profundizaría las contradicciones en el bloque oficialista y construiría una agenda en la que les resulta muy difícil desenvolverse a los Kirchner.
Pero para eso hay que trabajar de político profesional en serio, no de político profesional chapucero.
A propósito, aqui algunos recortes dominicales sobre economía:
"Según un informe del Instituto difundido la semana pasada, en 12 meses la pobreza se redujo del 15,3% al 13,2% y la indigencia disminuyó del 4,4% al 3,5%, en tanto se achicó la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres.
Estas cifras corresponden a las mediciones de la segunda mitad de 2009, cuando aún no se había puesto en marcha la Asignación Universal de $ 180 por hijo, que comenzó a efectivizarse en diciembre. De aquí se desprende que las supuestas mejoras no podrían explicarse por la ampliación de ese subsidio. Habrá que esperar a la próxima medición del INDEC para poder determinar cuál fue su incidencia sobre la realidad social.
¿Entonces de dónde proviene esta supuesta mejora en los indicadores de pobreza y reparto de la riqueza? (...)
La medición de pobreza e indigencia se obtiene de confrontar los ingresos de la población con el costo de la Canasta Básica. Y, para el INDEC, los precios de esa canasta fueron más bajos que los reales y casi no habrían registrado aumentos en 2009, a diferencia de las mediciones de los institutos provinciales que registraron incrementos muy superiores.
Así, en base a una fuerte subestimación de los aumentos de los alimentos y servicios básicos, la estadística oficial concluye que los sueldos y las jubilaciones subieron por encima de lo que habría aumentado la Canasta Básica. Y esta supuesta mejoría habría hecho que más hogares y personas salieran de la pobreza y la indigencia. En cambio, con las estadísticas de estudios privados (UCA, SEL, Ecolatina, por ejemplo) la pobreza salta al 30% y la indigencia al 12%.
Estas incongruencias del INDEC comenzaron con la intervención del organismo por parte del secretario Guillermo Moreno. Y se extienden a numerosas series estadísticas.
El experto Artemio López advierte sobre otras incongruencias "históricas" en las estadísticas oficiales. Porque para el INDEC la indigencia sería hoy del 3,5%, lo que la ubicaría en los mismos niveles de 1974, pero con el resto de los indicadores en las antípodas de aquel momento.
López se pregunta cómo la pobreza y la indigencia pueden equipararse con las de 1974 cuando entonces el desempleo era del 2,8% y hoy es del 8,4%. O cuando el trabajo en negro en 1974 era del 17,2%, y hoy afecta al 36,1% de los asalariados. Y la diferencia entre ricos y pobres era mucho menor en 1974, en tanto los trabajadores participaban del 46,2% del ingreso nacional y hoy apenas araña el 31,1%.
La conclusión de López es que las cifras del INDEC son estadísticamente inconsistentes con la realidad actual y con los propios antecedentes históricos (...)".
"(...) Cuenta el ex ministro de Economía, Miguel Peirano, que, a fines de 2007, en una tensa reunión con Néstor, Cristina y Moreno, pidió cesar con las persecuciones en el INDEC. Propuso recuperar la reputación del organismo, trasparentando los métodos de medición, y nombrando a un prestigioso economista como director. Sugirió a Mercedes Marcó del Pont y a Aldo Ferrer, insospechados de opositores por razones obvias. Pero Néstor dijo no.
Para el matrimonio presidencial los datos del INDEC son verdades necesarias para contrarrestar las falsedades de los medios privados. Esas verdades solo pueden ser custodiadas por alguien de extrema confianza, un soldado como Moreno.
Como suele decir un ex Jefe de Gabinete, desde que empezó la guerra con Clarín, el Grupo solo ve días lluviosos. Néstor, al revés, quiere todos días brillantes, soleados, como los informes económicos que publican el INDEC y Canal 7, todavía con menos sutiliza en la pantalla que los garabatos de Moreno en el papel.
Al mismo tiempo que subestima la inflación el INDEC también sobreestima los datos del producto bruto interno, la riqueza que crean todos los años los argentinos.
En 2009 el derrumbe del nivel de actividad sobrepasó todos los pronósticos. Según Miguel Bein, por estos días el consultor favorito de los comunicadores K, en 2009 el PBI se contrajo -2%. Para Buenos Aires City, el centro de estudios de la UBA donde se refugiaron los técnicos desplazados por Moreno, la caida fue del -3%. Otros economistas, como Roberto Frenkel, estiman el ajuste en -4%.
Para una economía que en el 2008 todavía crecía arriba del 7%, la recesión significó –punta a punta—una contracción del producto de casi 10 puntos, equivalente a la recesión del efecto tequila.
La inversión se desmoronó -12,7; las exportaciones, -20,4%; el consumo -0,5%; la producción industrial, -5,9%; la producción automotriz -14,1% (con un derrumbe en el primer semestre superior al -30%); la producción de cemento, -3,6%; la producción de acero, -27,6%, etc, etc.
El INDEC reconoce el año pasado la destrucción de 100.000 puestos de trabajo. Pero esa cifra no cierra con los registros de aportes previsionales de las empresas en Afip, ni con las mediciones sectoriales de empleo. Según el CENDA, un centro de investigaciones económicas afín al kirchnerismo, se perdieron en realidad 350.000 empleos, principalmente en la construcción (80.000 puestos menos), la industria (- 56.000 empleos), bancos y otros servicios.
Desde noviembre último varios sectores empezaron a recuperarse desde el pozo, tendencia que se consolidó en el primer trimestre de este año. Como en tantos otros temas la historia no puede borrarse. Es el nuevo punto de partida. Por eso, pese a la reactivación, en la mayoría de los sectores industriales la producción todavía es inferior a la de dos años atrás, durante el primer trimestre de 2008, previo a la recesión.
Sin embargo, el INDEC reescribió la historia sin recesión: en 2009, el PBI creció 0,9 por ciento. Y la pantalla de Canal 7 se encarga de reproducir hasta el infinito esa “realidad”. En vertiginosa edición, borran casi un año de la historia, saltean los indicadores de la recesión y destacaron solo los días soleados, las cifras de la reactivación del consumo del verano, o el éxodo turístico de Semana Santa. (...)".
"(...) el matrimonio Kirchner no tendría demasiados escollos para seguir bombeando el gasto público y la demanda interna como lo ha hecho en los últimos meses. Tiempo atrás Néstor Kirchner dijo que su objetivo es que el PBI crezca 7% este año para mejorar las chances electorales del oficialismo. El comportamiento de la actividad económica en los últimos tres trimestres no estuvo demasiado lejos de esa meta. Hasta los economistas más escépticos pronostican que el crecimiento de 2010 podría ubicarse entre 5% y 6%.
La contracara de esta recuperación a marcha forzada de la economía es una inflación en escalones más altos y que el Gobierno niega como si estuviera en otro país. Si bien el ritmo de suba en los precios de los alimentos se ha moderado en la última semana, ahora se producen ajustes en otros rubros que recogen las fuertes alzas del primer trimestre y elevan a 25% anual el piso de aumento de precios al consumidor, independientemente de lo que vaya a informar esta semana el Indec.
A diferencia de años anteriores, la expansión del gasto público (que en el primer trimestre promedió el 35% frente a una suba del 25% en la recaudación) tiene esta vez mucho más incidencia inflacionaria. Desapareció el superávit fiscal; no hay margen para subir impuestos ni retenciones y el Gobierno recurrió a todas las cajas disponibles para financiarla. Ahora les toca el turno a las reservas del Banco Central transferidas al Tesoro y no se descarta que aproveche el canje para colocar deuda voluntaria.
Un cálculo del Estudio Broda estima que si el gasto público creciera 30% este año, las necesidades financieras (netas de refinanciaciones dentro del sector público) serían de $67.000 millones (frente a $52.000 millones en 2009 y $15.300 millones en 2008). Pero si el gasto se elevara 35% treparían a $79.000 millones y si lo hace al 42% llegarían a casi $96.000 millones. Esta última hipótesis tiene un antecedente: en los nueve meses previos a las elecciones presidenciales de 2007, el gasto había crecido 49% interanual. Se trata de una receta conocida para el kirchnerismo, aunque en este caso buena parte del financiamiento recaerá en una mayor emisión monetaria del BCRA.
Para buena parte de los políticos oficialistas y la mayoría de los sindicalistas, la inflación más alta no sería un problema serio, porque podría contrarrestarse con ajustes salariales superiores al 20%, que crean la falsa ilusión de que con más plata en los bolsillos es posible ganarle a la inflación. Pero es un drama para la legión de trabajadores en negro, jubilados, cuentapropistas, desocupados y beneficiarios de planes sociales, que ven deteriorar sus ingresos reales mes tras mes.
Tampoco el cuadro es tranquilizante para muchos empresarios, sobre todo desde que el discurso oficial apunta a culparlos con exclusividad por la suba de precios y amenaza con movilizar a la dupla Guillermo Moreno-Hugo Moyano para vigilarlos. Este factor de desconfianza neutraliza además la hipótesis oficial de que con más inversión para aumentar la oferta y crédito a tasas negativas será posible contener las presiones y las expectativas inflacionarias."
"Un encumbrado secretario de Estado desempolvó, horas atrás, un argumento que tiene tanta antigüedad como su permanencia en el cargo, al que llegó en 2003, de la mano de Néstor Kirchner, y que tiene que ver con esta suerte de renovada luna de miel con el poder de la que parecen disfrutar los esposos de Olivos, o de un insospechado "veranito económico" que les resulta favorable.
"Si hasta acá, con este estilo, nos ha ido bien, ¿por qué habríamos de cambiar?", se despachó ante sus interlocutores. (...)
Aquel verdadero apotegma del kirchnerismo, aplicado a estos días, supone dar por sentado (desde la óptica del funcionario, y del oficialismo, claro) que los Kirchner no van a cambiar nada. Y que, por el contrario, profundizarán su estilo y la defensa de su tan mentado "modelo", por si fuera poco, a caballo de algunas encuestas que han aparecido en los últimos días, y no sólo elaboradas por los aliados pagos de la Casa Rosada, que hablan de un repunte en la intención de voto de Néstor Kirchner, que sería, hoy, el precandidato mejor posicionado en la grilla, por encima de Cobos, Reutemann, De Narváez o Duhalde, por citar algunos.
Las explicaciones de algunos consultores, ante este fenómeno, es que se trata de un recurso de la sociedad que ya ha aparecido en otros capítulos de nuestra historia. Espantados por los desaguisados de la oposición, siempre terminarían por inclinarse por el menos malo conocido antes que por el bueno por conocer. Con un agregado: el ciudadano de a pie sigue identificando a muchos de los "buenos" que hoy militan en el arco opositor como parte de los que llevaron a la Argentina al desastre social y económico en 2001.
(...) Ocurre lo obvio: si ellos reconocieran que la inflación es un problema al que hay que salir a enfrentar ahora mismo, no les quedaría a la mano otro remedio que instrumentar un ajuste económico de consecuencias imprevisibles para el futuro de la pareja y de su gobierno. Como lo reconoce un confidente del poder: "Si hacemos eso, en el 2011 salimos tirados por la ventana".
El plan de Kirchner, que ejecuta obediente Amado Boudou, es, antes que nada, una triquiñuela al más puro estilo alfonsinista. Supone plantar la idea de que un poco de inflación a los trabajadores les cae bien y que, al final, los aumentos de salarios terminarán nivelando los tantos. Caso contrario, si ocurriese alguna disparada no deseada, la fuerza de tareas del kirchnerismo ya se encargará de tratar de golpistas a los empresarios que aumentan los precios por las dudas, como ahora mismo han empezado a denunciar Hugo Moyano, Moreno o Florencio Randazzo. Los Kirchner nunca pierden. Si acaso la inflación terminara por estallar, ellos se colocarán en el plan de víctimas y no de causantes de tal desmadre".
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