Aprestos para un caliente martes 13

Demasiado preocupados con los comicios de 2011, los dirigentes políticos del no kirchnerismo deberían preocuparse más por qué ocurrirá en los próximos días en el Congreso Nacional, deponer egos y celos, y construir acuerdos, parece ser el mensaje dominical de varios columnistas editoriales.

| 11/04/2010 | 12:03
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Será un martes 13/04 importante para conocer las limitaciones del kirchnerismo y del no kirchnerismo en el Congreso Nacional.
En Diputados, el arco no kirchnerista se reunió en el despacho del jefe de bloque del radicalismo, Oscar Aguad, y decidió convocar a una sesión especial para el martes 13/04 a las 15:00 para anular el DNU 298 el cual permite la utilización de las reservas para pagar deuda pública.
La única resistencia la puso la Coalición Cívica: no está dispuesta a firmar por 4ta vez el pedido de una sesión especial, pero sí aportaría el quórum si la sesión prospera.
Elisa Carrió y los suyos sostienen que en el interbloque de centroizquierda, que cuenta con 11 escaños, existe una complicidad recurrente con el Gobierno.
En el Senado, el no kirchnerismo intentará conseguir el quórum necesario el miércoles 14/04.
Los columnistas editoriales de los medios gráficos más importantes hicieron diversas elucubraciones precisamente a propósito de lo que puede ocurrir porque el no kirchnerismo no puede sobrellevar otra semana de frustraciones y el kirchnerismo especula con otra semana de freno legislativo que termine de darle vigor a las ambiciones 2011 de Néstor Kirchner, o algo parecido.
Ha sido eficiente el bloqueo de las sesiones legislativas que ejecutó el kirchnerismo, ubicando al no kirchnerismo en una posición insostenible de mayoría avasallada por la minoría.
Todo indica que la semana que comienza será muy táctica: disputa con reglamentos en la mano, para bloquear o destrabar. Pero lo más difícil para el no kirchnerismo se encuentra en los egos, los celos y la necesidad de alcanzar algunos entendimientos básicos que permiten acuerdos inteligentes.
La senadora nacional Hilda de Duhalde, esposa del precandidato presidencial Eduardo Duhalde, respaldó la idea de Julio Cobos de descontarle el 20% del sueldo a los legisladores que no den quórum en el Senado y de publicar los nombres de aquellos que no concurran a las sesiones.
Pero fue más allá: en diálogo con Radio 10, ella señaló que "el reglamento autoriza descontar el 20% de la dieta. En principio, hay que publicar la nómina de los que no fueron, después aplicar el descuento de la dieta y después recurrir a la fuerza publica" para llevar al recinto a los legisladores.
"Pero no lo imagino ni lo deseo. La verdad es que no deseo ese extremo, pero no quiero que dejemos de pelear con los proyectos de ley que tienen que ver con intereses de las provincias ", agregó.
La diputada nacional, Graciela Camaño, esposa de Luis Barrionuevo, socio político de Eduardo Duhalde, coincidió y defendió la postura del vicepresidente Julio Cobos: "Lo que plantea está en el reglamento. Que no se cumpla no quiere decir que no esté. Forma parte de la lógica, le pasa a cualquier trabajador que no va a su lugar de trabajo. El tema del quórum es otra cosa porque es parte de una estrategia", señaló por Radio Mitre.
"Eduardo Fellner (presidente de la Cámara de Diputados) cometió un error reglamentario tremendo y además un error ético. Me interrumpió en el uso de la palabra para terminar la sesisón y eso no se hace. Hay que pedirle autorización al legislador", agregó Camaño.

Aqui algunos apuntes que pueden promover reflexiones:
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:
"(...) Hay que decir las cosas tal como son: la oposición no tiene el control del Senado. Carlos Menem decidió rifar cualquier sentido de la institucionalidad que debería primar en un ex presidente. Un día está enojado porque no se lo trata como él cree que debe ser tratado; otro día está sospechosamente enfermo, y en otra oportunidad prefiere asistir a la fiesta de cumpleaños de su nieto y dejar al Senado sin quórum. Menem no le hace a nadie esa clase de favores a cambio de nada. ¿Promesas oficiales ante la multitud de causas judiciales que involucran al ex presidente? Es probable.
Pero tampoco Menem es el único culpable. Cuando Menem se sienta en su banca, Roxana Latorre se levanta de la suya. Latorre, increíblemente considerada una senadora opositora, ha hecho declaraciones contra la oposición más graves que los más deslenguados voceros oficialistas. Y cuando se sientan Menem y Latorre siempre le queda al oficialismo la última y más importante carta en el Senado: la de Carlos Verna, un perpetuo excursionista en la oposición y en el oficialismo.
La oposición ha perdido el Senado, pero esa cámara no fue ganada por el Gobierno. Peor: dos senadores que cumplieron con el oficialismo hasta ahora, el neuquino Horacio Lores y el misionero Luis Viana, ya le anticiparon al Gobierno que ellos darán quórum en las próximas sesiones del Senado.
Nuestra situación es insostenible en el tiempo, aceptó un senador oficialista.
Es insostenible en la Cámara de Diputados también. Los diputados opositores que demoraron el quórum en la última sesión quedaron demasiado expuestos públicamente como para continuar con esa práctica. Siete de los once diputados de la izquierda llegaron llamativamente tarde al recinto. Tres radicales no estuvieron. Una diputada de Felipe Solá se perdió sin causa.
Varios legisladores del bloque de Graciela Camaño se derrumbaron ante la duda entre ser oficialistas y opositores. Algunos monobloques desaparecieron en el desierto de la nada. El problema está entre los desconocidos; los líderes se han acercado notablemente desde diferencias históricas que perduran.
El Gobierno usó hasta el extremo esas desidias, vacilaciones y parsimonias. Juega con fuego. Siembra la venganza: ¿qué sucederá el día en que el Senado y Diputados puedan funcionar con una mayoría opositora? Es probable que el martes, los diputados aprueben la nulidad absoluta del decreto de necesidad y urgencia que le permitió a Cristina Kirchner hacerse de las reservas nacionales. Al ser una nulidad (y no sólo un rechazo) el proyecto debería pasar también por el Senado. Pero ya la sola media sanción de semejante decisión podría sacarle parte de la tranquilidad que el oficialismo muestra desde que puede hacer uso de las reservas.
Algunas encuestas han señalado un pequeño crecimiento de los Kirchner en la consideración pública (siempre alrededor de un módico 28%). Un encuestador serio y respetado por el peronismo les hizo llegar a varios dirigentes de ese partido su última medición: el peronismo perdería las elecciones presidenciales con cualquiera de sus probables candidatos actuales en una segunda vuelta. Al que peor le iría sería, precisamente, a Néstor Kirchner.
Otra encuesta, de Carlos Fara, concluyó que el Gobierno es reprobado, con índices de entre el 60% y más del 70%, en temas como seguridad, inflación, corrupción y desocupación. Son los problemas cotidianos de la gente común. Esa medición señala que el 61% de los encuestados cree que la Argentina va por mal camino. Un gobierno puede registrar una leve mejoría, pero jamás se curará de la impopularidad con esos convencimientos sociales (...)".

Eduardo van der Kooy en el diario Clarín:
"(...) Los Kirchner han trazado, en ese sentido, una parábola firme. Incursionaron en la transversalidad, en la concertación, hablaron de otra renovación en el PJ. Pero van finalizando su derrotero aferrados a Hugo Moyano y pendientes de lo que trama cada día Carlos Menem, convertido, objetivamente, en una pieza clave del kirchnerismo en el Senado.
¿Por qué razón tan importante? Por varias, simultáneas. Es el voto que le impide a la oposición imponer el quórum, prescindiendo del oficialismo. Menem no forma parte, además, de ningún proyecto político. Simplemente, porque su futuro se evaporó luego de rendirse en el balotage del 2003 frente a Kirchner. No hay nadie en el peronismo, con aspiraciones, que lo tenga en cuenta.
(...) Con la llave de Menem, el kirchnerismo intenta convertir al Senado en tierra yerma. Pero nadie sabe, de verdad, cuánto podría perdurar esa estrategia. Hay senadores oficialistas que no quieren hipotecar su futuro como lo viene hipotecando el matrimonio. Hay dos, al menos, -uno de ellos el misionero Luis Alberto Viana-, que comunicaron que acompañarían a la oposición en su intento de reformar la ley del cheque.
También hay aliados que son sometidos a tensiones innecesarias. El neuquino Horacio Lores fue el miércoles pasado al Senado, entre varias razones, para un homenaje al fallecido líder de su partido, el MNP, Felipe Sapag. Nunca pudo bajar al recinto porque el kirchnerismo lo impidió. Aquel homenaje resultó finalmente suspendido.
Los kirchneristas tampoco saben si le darán vida esta semana a un recinto muerto. Una resolución administrativa de Julio Cobos, antes de asumir en reemplazo interino de Cristina, produjo una revulsión. No les importa el descuento a sus dietas por la última ausencia: les inquieta la convocatoria a través de solicitadas en los diarios -con fotos incluidas- para el miércoles próximo. "Es un método fascista", se quejaron. Pues bien: esas atribuciones del titular del Senado fueron impulsadas en los tiempos en que Cristina era legisladora.
Cobos se desligó del tema. Estará a cargo del Poder Ejecutivo hasta el regreso de la Presidenta desde EE.UU., el jueves venidero. La carga se desplomó en las espaldas de José Pampuro que deberá presidir la sesión. Los senadores kirchneristas le demandan que derogue la resolución de Cobos.
En Diputados, la agitación inútil no es diferente a la que sucede en el Senado. Claro que la mayor responsabilidad por ese estado de cosas corresponde primero a la oposición y luego al kirchnerismo. El kirchnerismo se ocupa de urdir provocaciones o de explotar cada pequeñez.
El diputado tucumano del FPV, Gerónimo Vargas Aignasse, trató de levantar la sesión que analizaba la reglamentación de los DNU ante una ausencia circunstancial de la peronista disidente Graciela Camaño. La mujer casi lo trompeó.
Agustín Rossi, el jefe del bloque kirchnerista, bajó al recinto sólo para pedirle a Fellner que levantara la sesión en la cual la oposición no alcanzaba el quórum. El presidente de la Cámara cumplió como soldado kirchnerista -que es- y soslayó la autonomía que le otorga el sillón que ocupa.
Su cabeza ha quedado en la picota opositora. Pero en ese abanico político la posibilidad de un acuerdo asoma siempre tan remota como la ilusión de levantar un rascacielos en la luna.
Felipe Solá y Camaño propusieron llamar a una sesión para remover a Fellner. El radicalismo ya opinó que no. Mantiene la idea de que ese cargo -por tradición- corresponde al oficialismo, aunque sea minoría. Aquellos disidentes, al fin, tienen madera peronista: "El kirchnerismo rompió todas las tradiciones. ¿Por qué debemos respetarlas nosotros?", bramó Solá.
El peronista apuntaba, entre muchos casos, a la severidad con que Fellner manejó el tiempo para ayudar al fracaso de la sesión en Diputados. "Nunca se levanta una sesión importante en 45 minutos", explicó. Un ex diputado radical, revisando sus anotaciones, le dio la razón. Cuando el kirchnerismo buscó en agosto del 2009 la prórroga de los superpoderes esperó 4 horas y 15 minutos hasta conformar el quórum. Un mes después, aguardó 1 hora y 23 minutos para tener número y avanzar con la ley de medios.
La esterilidad del Congreso ha dejado de ser novedad. Pero su persistencia seguirá agravando la realidad política e institucional. Es, seguramente, lo que menos interesa a los Kirchner: en ese tobogán podrían entrar también los líderes de la oposición que tienen aspiraciones presidenciales. Ellos deben desempeñarse en un Parlamento que empezaría a fatigar la paciencia colectiva. (...)".

Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:

"(...) Hay un dato que no es menor: pareciera que la decisión de que el Congreso funcione o no pasa por Kirchner.
Si la oposición no puede garantizar el quórum y el oficialismo no tiene interés en tratar ninguno de los proyectos en danza, y mucho menos la reformulación del presupuesto 2010, o la ley del impuesto al cheque, o la derogación de los DNU que permitieron el manoteo a las reservas, el oficialismo no hará el campo orégano.
El Parlamento puede parecerse a un edificio que funciona, con luces encendidas y personas caminando por sus pasillos, pero, en la práctica, quedará virtualmente cerrado. Pruebas al canto: en cuatro meses desde que se pusieron en marcha las sesiones ordinarias, el Senado pudo sesionar una sola vez.
En la Cámara alta, la impresión es que no hay forma de destrabar el conflicto. Salvo por el voto del ex presidente Carlos Menem. Ni siquiera eso: hoy, nadie sabe decir con certeza para qué bando juega el riojano, o si en verdad no juega para ninguno. En este caso, al menos en ese recinto, el parate puede ser eterno.
El gobierno se rasgó las vestiduras frente a las acusaciones de la oposición de que Kirchner acordó con su odiado enemigo para evitar que la oposición sume los 37 escaños que necesita para sesionar. Pero el argumento de Menem para pegar un nuevo faltazo en la sesión del pasado miércoles (visitar a su nieto en el día de su cumpleaños) deja bastante mal parados a los defensores de que no hay transa alguna por debajo de la mesa.
En la Cámara de Diputados, la oposición ha terminado por desnudar también, como ocurre con sus colegas del Senado, la fragilidad de sus acuerdos y las mañas de algunos de sus integrantes, un escenario inusitado, si se quiere, para un bloque que se había asegurado cerca de 140 legisladores sentados en sus bancas, como ocurrió, por caso, el 3 de diciembre último.
La sesión para derogar los DNU fracasó porque aparecieron esos procedimientos de baja estofa. Suena realmente a una tomadura de pelo el argumento de los diputados que impidieron que se formara quórum de que no llegaron a tiempo porque no sonaba la chicharra.
Un dato de la realidad, mal que le pese a la oposición, es que el bloque de diputados de izquierda no termina de acomodarse entre ser oficialista o pararse en el bando del frente. Hay algunos, como los casos de Carlos Heller, Martín Sabatella, Alejandro Basteiro y el SI de Alberto Macaluse, que decididamente se han pasado a las filas del kirchnerismo parlamentario. El bloque de Proyecto Sur, que conduce Pino Solanas, parece quedar siempre a mitad de camino entre la protesta extemporánea y reclamos de imposibles investigaciones sobre el origen de la deuda que, a estas alturas, hay que decirlo, parece más funcional al oficialismo que cualquier otra cosa.
La foto en sí misma de ese miércoles es todo un símbolo de lo que puede venir, no importa si al mismo tiempo alguien pueda defender el gesto por el lado de la aplicación estricta de los reglamentos: Agustín Rossi, solitario en su banca, y Eduardo Fellner, en el sillón de la presidencia, voltearon una sesión por la que clamaba más de un centenar de diputados.
La comprobación de que para el oficialismo nada hay que cambiar y, por el contrario, hay que reforzar el rumbo trazado hasta ahora, por aquello de que no les ha ido mal, permite advertir que también el gobierno seguirá con sus embestidas contra la justicia, o contra aquellos jueces que no fallan como les gusta a los Kirchner. Una prueba de ese envalentonamiento viene de ocurrir en el marco de los esfuerzos de la oposición por modificar la composición del Consejo de la Magistratura.
"El Consejo, así como está, es perfecto; no hay necesidad de modificar nada", se despachó el ministro de Justicia, Julio Alak. La ultrakirchnerista Diana Conti se pronunció en el mismo sentido y hasta maltrató a sus pares de los bloques opositores casi en tono policíaco, como denunció, sin mucho éxito, Margarita Stolbizer. Pretender que el organismo que tiene la misión de designar jueces, claramente dominado por el oficialismo, no tiene nada que modificar es casi una tomadura de pelo.
Siguiendo con esa misma línea de pensamiento oficial (una oposición desmembrada y errática, inflación que sólo existe en la boca de desestabilizadores o empresarios inescrupulosos, un oficialismo que no perdió sino que ganó las elecciones del 28 de junio) se dice, hoy, en despachos de la Casa Rosada, que, frente a ese estado de cosas, la candidatura presidencial de Néstor Kirchner está más firme que nunca. (...)".

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