Echegaray, "el garante de la impunidad"

La continuidad de Ricardo Echegaray en el Gobierno, pese a los distintos escándalos y actos de corrupción que lo salpican, muestra que el titular de la AFIP guarda secretos de negocios oscuros del kirchnerismo.


LA PLATA (Diario HOY) En cualquier país medianamente serio, un personaje tan nefasto como el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, no hubiese estado ni cinco minutos en la función pública. Pero el gobierno kirchnerista no se maneja con esa lógica. Por eso, actualmente, aquellos que ocupan los principales cargos gubernamentales son marionetas de la presidenta Cristina Fernández o, en su defecto, son “intocables” porque saben demasiado al ser partícipes directos de los negocios turbios del poder.
 
Echegaray, sin dudas, forma parte de este segundo grupo, al igual que el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, que durante años fue sindicado como el cajero de Néstor Kirchner y cuya gestión fue y es un verdadero desastre. La aguda crisis energética que aqueja al país es una clara muestra de ello. Pero, por más desaguisados que cometa, De Vido está amparado por un manto de protección: son muchos los secretos que guarda.
 
Echegaray no se queda atrás. Sin ir más lejos, en el año 2009, habría instruido a un equipo de contadores de la AFIP que viajó a la Patagonia para redibujar las declaraciones juradas de los Kirchner, de forma tal de poder justificar el archivo de la denuncia por enriquecimiento ilícito que fue dispuesta, poco tiempo después, por el inefable juez federal Norberto Oyarbide. Cabe recordar que, durante gran parte de la llamada “década ganada”, la familia K aumentó su patrimonio en más de 1.100%, pasando de 7 a 89 millones de pesos.
 
Como si todo esto fuera poco, Echegaray fue el funcionario que, a pedido del entonces ministro de Economía y actual vicepresidente, Amado Boudou, le concedió a la exCiccone Calcográfica –que había sido comprada por un presunto testaferro de Boudou- un plan de pagos de 168 cuotas (equivale a 14 años, comprometiendo así los tres próximos períodos presidenciales), con un interés de apenas 0,5% (ni siquiera se reconoció la tasa de inflación del INDEC), para saldar una deuda con el fisco de más de $240 millones. Fue un verdadero abuso y más si se tiene en cuenta que la AFIP viene instrumentando una serie de controvertidas presiones sobre pequeños y medianos empresarios, con bandas de abogados y contadores rentados por el organismo recaudador que en una actitud cuasi-extorsiva buscan que se paguen impuestos en base a suposiciones que no tienen ningún asidero, ofreciendo solamente seis meses de plazo para que se cancele lo que surge de la imaginación de Echegaray y de sus secuaces.
 
Obviamente, semejantes favores a CFK y Boudou no habría sido gratuitos: Cristina sabe que en caso de remover a Echegaray,  el titular de la AFIP podría empezar a contar algunos de sus secretos mejores guardados, en momentos donde el gobierno K entró en la recta final de su gestión. 
 
El temor de Cristina también radica, quizás, en que Echegaray ventile como la AFIP hizo la vista gorda, durante los últimos años, con la fortuna que amasó Lázaro Báez, sindicado como uno de los principales testaferros de la familia presidencial. Se sospecha que fue el propio organismo recaudador el que impulsó una moratoria general en el año 2009 para que se le pusiera punto final a una investigación relacionada con una evasión por $400 millones que tenían las empresas Austral Construcciones y Gotti hermanos, ambas firmas estrechamente vinculadas con los K. 
 
A partir de 2015, CFK y sus aplaudidores dejarán de saborear las mieles del poder, por lo que muchos jueces y fiscales, que actualmente hacen dormir las causas de corrupción, podrían comenzar a ponerlos en aprietos.
 
El escándalo más reciente
 
El último escándalo del titular de la AFIP tuvo lugar el pasado 31 de diciembre, cuando fue encontrado in fraganti en Río de Janeiro, ciudad brasileña a la que viajó en primera clase de una aerolínea de Emiratos Arabes, junto con su familia y con el empresario uruguayo Jorge Lambiris, un operador de Aduanas que estaría vinculado con negocios donde también participaría el funcionario K. Este empresario estuvo preso, en el año 2010, en una causa por contrabando de juguetes y salió en libertad luego de pagar una fianza de $25 mil. En otras palabras, en lugar de ejercer controles para controlar el contrabando, Echegaray termina siendo amigo de los contrabandistas. 
 
Patovicas contratados por Lambiris habrían sido los que golpearon a periodistas y camarógrafos, que habían viajado a Rio de Janeiro con el objetivo de seguir de cerca los pasos de Echegaray.  Un día antes, el titular de la AFIP, que vestía un gorro con visera y gafas negras, no había tenido más alternativa que responder una serie de preguntas, incluyendo una que hablaba sobre cómo hizo para comprar los dólares para ir al exterior. Se justificó diciendo que tiene “capacidad contributiva”. Fue una tomada de pelo para los miles de ciudadanos que, diariamente, se quedan con las manos vacías a la hora de tramitar la autorización de la AFIP para adquirir divisas extranjeras.
 
Ante semejante escándalo, la presidenta CFK y sus principales funcionarios se refugiaron, nuevamente, en el silencio cómplice.
 
La Aduana, desde hace años, es un verdadero agujero negro del Estado, al punto que ni siquiera existen escáneres en los puertos para revisar los conteiners que ingresan. De ahí que los narcotraficantes puedan entrar y salir del país sin ningún tipo de dificultad. Echegaray lo sabe perfectamente ya que el organismo de contralor en cuestión forma parte de la estructura de la AFIP y, además, porque él mismo presidió la Aduana antes de llegar al cargo que ocupa actualmente.
 
La figura de Echegaray es, en definitiva, el kirchnerismo en estado puro.

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